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jueves, 24 de octubre de 2019

El enojo

Es increíble que haya pasado casi un año entre éste y el anterior post. 
Increíble no sé para quién, porque con mi pelotudez característica para escribir, no puede ser novedad para nadie. Es más, seguro alguno apostó a que iba a pasar más de un año y perdió en la hora. Pagaba 10 a 1, ya que éste fue el impasse más largo de la historia de DadoDeTres.

He vuelto a las canchas blogueras para divagar un poco sobre un tema del que vengo reflexionando bastante en las últimas semanas: el enojo (y con este título, de qué joraca iba a ser, no?)


Por más que es una afirmación medio discutible, se ha vuelto una especie de costumbre repetir que si uno dedica 10.000 horas a algo se convierte en experto en ese algo. Es por eso que me siento capacitado para hablar de este tema, porque esa cantidad de horas de estar enojado las pasé hace ya varios años. Mi padre siempre cuenta que en el sanatorio, después de nacer, llegué a pelarme la nariz de hacer tanto berrinche y refregármela contra la cuna. 8 horas de nacido, 8 horas enojado. Vayan llevando, giles.


Ser calentón es más que un rasgo, no es como ser alto o  bajo  en vías de desarrollo, ser calentón es una forma de vida. A veces es solitaria e incomprendida, como cuando vas a una tienda a devolver un pantalón que te quedó mal y no hay otro talle en ese color, y en otro color sale literalmente el triple, y las vendedoras no sólo no te pueden devolver la plata (está tan mal visto devolver plata en este país que debe ser inconstitucional) sino que tampoco te pueden hacer un vale... Un vale, que te obliga a seguirles comprando a ellos. Entonces te entra como una mezcla de cosquilleo y temblor, en la panza, en las manos, unas ganas irrefrenables de sacarle el brazo a un maniquí y empezar a romper todo el local, con la banda sonora de algunos peludos gritones de fondo. Y de repente mirás alrededor y te sentís completamente solo: ves una pareja comprándole un buzo al padre de uno de ellos, a una adolescente buscando una campera, los tres mirándote sin entender, como si acabaras de entrar al baño del sexo opuesto. A eso, sumale la cara de las vendedoras, totalmente impávidas, repasando de memoria las dos opciones pelotudas que les enseñan a aplicar en el caso 2.1.a - Devolución de prenda comprada por la web.

Por suerte mis amigos calentones, hay dos instancias de la vida donde podemos ir a sentirnos como en casa, puteando sin ton ni son, a babor y a estribor, y siendo puteado con el mismo amor: el tránsito y el estadio. 
Pero son puteadas casi por compromiso, que descargan pero a la vez nos calientan más, son como un círculo vicioso medio raro e inútil. Todo lo contrario a cuando uno está sólo y, por ejemplo, se pega en el dedo chico del pie con la pata de la mesa. Qué lindo que es ahí largar una buena puteada, bien salpimentada de res y recontras y sufijos -ísima, espolvoreada con algún que otro recontramil. Y ni te digo un requetemil, es como abrir el vino gran reserva de 14 años de los condimentos de puteada. O como dice mi abuela: "¿para qué sirve la raíz cuadrada? Yo nunca la usé para más nada que para putear".

Dicho todo esto parece una apología a la calentura, pero no va por ahí la cuestión. Simplemente me gusta este tema tan presente en la idiosincracia uruguaya, porque somos así, amargos/ados. No en vano se acuñó la frase "triste como uruguayo contento".
Reconozco también que me gusta hacer calentar a la gente. No sé bien por qué. Quizás porque el que está caliente es como el borracho, que dice incoherencias, pero a la vez, dice la verdad más pura, sin ningún tipo de filtro. O simplemente porque es divertido, probablemente por eso. Y si no se calentó, decirle: "ta, contigo no se puede hablar, ya te calentaste", y así como en la escena de Matriz de No te preocupes por el jarrón, listo, lo hiciste calentar. 
Y luego de que está caliente, decirle que no se caliente. Eso, curiosamente, hay gente que todavía no entendió ni un poco de este tema, que cree que puede llegar surtir el efecto deseado.


Hablando un poco más en serio, me parece curioso que los calentones decimos que somos así porque sí, porque somos así, y no nos preguntes más que nos estás haciendo calentar. Pero en realidad estoy en desacuerdo con eso, no somos así. Cuando me refería a que es una forma de vida, me refiero a que es una forma de actuar y no una forma de ser. A veces es sólo una reacción, ante la presencia de una situación que nos sobrepasa, que demuestra nuestra impotencia, nos calentamos. Otros sienten miedo. Son simples reacciones automáticas, en algunos casos, las únicas que tenemos o que nos sentimos cómodos de tener. Me hace acordar a eso de que cuando sólo tenemos un martillo, todos nuestros problemas parecen clavos.

Y siendo así, algo automático, algo reactivo, es algo que podemos cambiar. Creo que cuando el Gran Maestro de Vida, el Dr. Gregorio Casa, dijo que la gente no cambia, intuyo a que se refería a que la gente no cambia eso, su parte más esencial, su forma de ser. Porque sí creo que se puede cambiar la forma de actuar, porque muchas veces son costumbres, hábitos que nos agarramos más o menos inconscientemente, pero que pueden ser sustituidos por otros mejores. A veces los adoptamos de maneras tan tontas que nos sorprenden. A mi me pasó con algo muy identificable, que por hacerle burla a nuestro perro, que es muy rezongón y muchas veces hace como un resoplido, terminé usando ese mismo resoplido para expresar mi propio enojo. (Ya estoy sintiendo esa sensación de soledad de nuevo... esperen chicos, no se vayan...)

Volviendo a que el calentón "es así", creo que es una simple justificación, porque es mucho más fácil decir eso y seguir igual, que hacer un real esfuerzo por cambiarlo. 
Porque ahí está la clave, hacer el esfuerzo, escarbar adentro de uno mismo para identificar los gatillos que disparan nuestro enojo. Y no sólo identificarlos, sino entenderlos, descifrarlos, para luego, con otro esfuerzo aún mayor, tenerlos monitoreados para poder desactivarlos apenas se disparan, o incluso antes.
Por ejemplo, si nos ponemos a pensar un poco en las cosas que nos enojan, apuesto que la mayoría están relacionadas a cosas externas; a expectativas que tenemos del entorno que no se adecúan a cómo nosotros consideramos que deben ser las cosas: las políticas de cambio de pantalones de Columbia, la manera de manejar del prójimo, a quién (uno que no fui yo) se le ocurre poner esta mesa ahí y encima hacerle (otro que tampoco fui yo) las patas tan filosas, lrpm. 
Es bastante egocéntrico todo esto, ¿no?
Ojo, no lo estoy diciendo como algo negativo, ni como esas autoayudas baratas que te dicen que el problema está en vos, sino como un hecho: sentimos una gran estima por nuestra propia opinión y concepción del mundo. Y eso me parece bien, en su justa medida, si podemos argumentar dicha opinión y si podemos evitar que las opiniones ajenas nos hagan calentar. Porque, spoiler alert, el mundo está lleno de gente, la cual prácticamente ninguna piensa como nosotros. Y por más que nuestra opinión sea tan importante (para nosotros), tampoco somos el centro del universo conocido. Entonces o la empezamos a bancar, o hacemos usufructo de esa parcela en la Luna que compramos por apenas 20 dólares.


Me lleve un muy grato resultado cuando un día decidí invertir toda mi energía en prestar atención a este tema, a vivir cada minuto con la consciencia de evaluar mis acciones, mi entorno, y de hacer un gran esfuerzo por no calentarme por nada, o hacerlo durante el tiempo más breve posible, o sólo por aquellas cosas que realmente valen la pena.

Eso último fue una afirmación capciosa (¿nunca habían escuchado? yo tampoco), porque en realidad, ¿por qué cosas vale la pena calentarse, realmente?
Sé que están pensando en varias cosas, pero cambio el énfasis entonces, vale la pena ¿calentarse(cómo me cuesta abrir los signos de interrogación, nunca sé dónde arranca la pregunta) ¿No hay algún otro sentimiento un poco mejor? 
No me digan deprimirse u otro de esos sabores "poco habilitadores" (como les gusta decir a los psicólogos) del enojo, sino uno igual de enérgico, pero más útil.

No era una pregunta retórica, ni capciosa, ni nada, era real. 
Y la dejo picando porque ya es tarde...

Para cerrar, recauchuto un chiste tan viejo como tremendo, que casualmente está relacionado a este tema:
-¿Hola?
-Hola, ¿se encuentla el señol Li?
-No, él está en Ohio.

-¿¿Comigo??

Miliv out

martes, 30 de enero de 2018

Las Falacias y los Prejuicios

Antes de comenzar con este post, atrevidamente me la voy a tirar de gordo-Patrick-Rothfuss (que total, mi frecuencia de escritura ya se asemeja a la suya) y voy a contar un cuento:

Una noche de miércoles -el día, no el adjetivo- encuentra a Marcos junto con su novia, hermana y cuñado jugando unas partidas de pool en un boliche que abrió hace unas semanas. Esta noche lo atiende sólo el dueño, porque los miércoles de invierno suelen ser poco concurridos. Como siempre pasa en Uruguay, en los comienzos de todo nuevo emprendimiento, suele verse un esfuerzo extra por hacer las cosas bien, así como cuando los Ubers convidaban con caramelos a los pasajeros: el primer mes, máximo. Es por eso que el dueño está demostrando una amabilidad que parece forzada incluso, pero que no llega a molestar, intentando generarse una clientela. En su boliche esta noche hay sólo dos mesas ocupadas, la de Marcos y flia, y la de un grupito de 4 o 5 adolescentes, de veintipocos años. 
En determinado momento el mentado grupito empieza a alborotarse, probablemente por los efectos del alcohol sazonados con la emoción del juego. Gritan, chiflan, en fin, lo típico de un grupo. Nuestro reciente entrepreneur, que por ignorar su verdadero nombre le llamaremos "el Gordo", considera que el alboroto ya es demasiado para ser un miércoles a las 11 de la noche y decide hablar con la muchachada para que se calme un poco. Toda agrupación de guachaje siempre tiene un vocero, que no necesariamente es el líder, a veces es simplemente el más borracho o el más cancherito. En este caso, el que le contestó parecía cumplir los tres roles. 
"Eh, ¿qué pasa? Nosotros no estamos jodiendo a nadie."
"Están gritando y chiflando." contesta el Gordo. "Les voy a pedir que se callen un poco."
"¡Yo no me callo nada!" retruca el cancherito. "¡A mi ni mi padre me manda callar!"


Ahora dejemos el cuento de lado por unos minutos, ya nos remitiremos a él.
Ah, sí, llamé "gordo" a dos personas y el post todavía ni empezó. No empiecen con eso, porque si fuera más negro que gordo le diría negro, si fuera más nabo que negro/gordo le diría nabo, etc.
Volviendo a lo nuestro, no sé en qué piensan ustedes cuando leen la palabra falacia, pero en mi caso, se ve que o bien estaba muy distraído en las clases de filosofía del liceo, o la profesora no supo hacerme llegar lo suficientemente bien este concepto, porque la única idea que tengo, es de algo “falso”.
Leyendo un poco la definición de Falacia en Wikipedia, tampoco estoy tan errado. Pero descubro también que son mucho más que eso. Son una suerte de herramientas, para detectar argumentos falsos. 
En un mundo en el que vivimos discutiendo por todo, en el que constantemente nos tratan de vender prácticamente todo, desde una persona (como un político) hasta una pasta de dientes, este tipo de herramientas se vuelven útiles, por no decir indispensables.
El artículo de Wikipedia tiene una lista de muchas falacias distintas, algunas más útiles, como la Falacia del hombre de paja (que además tiene un nombre curioso) o la Falacia ecológica (cuyo nombre no tiene nada que ver con la ecología) y otras un tanto tontas por lo obvias, como la Apelación a la pobreza.

Quizás en un futuro escriba algún post profundizando sobre este tema (muy probablemente no), en éste simplemente quería presentar a las Falacias y compararlas con algo que no tiene tanto que ver, pero que me parece una herramienta casi tan útil y opuesta: los Prejuicios.

El mundo se está volviendo tan -como diría el gran Sabina- unisex, tan políticamente correcto, que los prejuicios últimamente están muy mal vistos. Pero como decía anteriormente, son una herramienta, la cual podemos usar bien o mal. Su etimología ya nos demuestra su funcionalidad: pre-juicio, pre-juzgar, hacer un juicio de valor inicial, preliminar, sin tener aún todas las variables.
Imaginemos ahora que vamos de noche, caminando por la calle sin nadie, por una zona mal iluminada, y de repente vemos a media cuadra dos figuras con unos championes que valen más que nuestro iPhone, fumando algo que no parece ser tabaco, hablándose a los gritos entre ellos, tratándose mutuamente de Ñeri. ¿Qué hacemos en ese momento? ¿Checkeamos Facebook desde nuestro iPhone con el brillo al 80%, o tratamos de cruzar ligerito, tratando de pasar desapercibidos?
Al que eligió lo primero, creo que puede ir yendo a buscar su iPhone a la feria de Piedras Blancas.
Al que eligió lo segundo, lo felicito, acaba de usar un Prejuicio sin ganar puntos del lado oscuro.

Volviendo a las falacias, que son herramientas con buen marketing, que parecen ser siempre "buenas", me gustaría llamar al estrado al Argumento_ad_hominem, que en resumidas cuentas, dice que está mal tildar un argumento de verdadero o falso, sólo evaluando quién lo emite. A priori suena razonable, ambas cosas (argumento y argumentador) deberían ser independientes. 
Ahora, ¿se acuerdan del cancherito de nuestro cuento? ¿Cuál es la probabilidad de que la siguiente frase, luego de "a mi ni mi padre me manda callar", no sea una reverenda estupidez? Desde mi punto de vista, muy baja...

Por eso padres, siempre recuerden, si su hijo está diciendo estupideces, por favor mándelo callar...

Miliv out

PS: Gracias @diegotuz por el siguiente cuadro-resumen:




viernes, 17 de junio de 2016

Sin título

Voy a escribir algo que quizás por momentos no sea políticamente correcto, porque sinceramente requeriría estar de un humor del que claramente no estoy. Por lo tanto, si hoy es uno de esos días en que sentis que te podes escandalizar por lo que un boludo escribe en un blog, ahorrate el disgusto y no sigas leyendo.

Todavía no sé bien de qué voy a terminar hablando, porque este es uno de esos posts-catarsis (que no es lo mismo que post-catarsis) pero implica conceptos como amor, sentido del humor, cursilería, homosexualidad, entre otros.

Pese a que la homofobia (o como dicen que dice Morgan Freeman, fobia implica miedo, y lo que usted tiene no es miedo, es estupidez) sigue siendo moneda corriente en nuestro mundo, como lo demuestra ese mass shooting de hace unos días del que ya habrán escuchado suficiente, poco a poco se va avanzando con este tema, que al menos ya no es tan tabú. Ya no me acuerdo si era Kanela o Petru, que decía que había que ser bien macho para ser puto 20 o 30 años atrás. 

Y aunque hemos avanzado, todavía queda mucho camino por recorrer, en especial en algo que no sé si está relacionado, y que si no lo está y relacionarlo es discriminatorio, entonces cual Elige te propia aventura, vuelve al párrafo #1. Ese algo al que me refiero lo podemos resumir en "la expresión del lado sensible del hombre". Porque acaso, ¿qué hombre se siente cómodo caminando por la calle con flores para su pareja? Obvio que habrá hombres que se sientan incómodos porque la idea de regalar flores en sí le resulta incómoda, porque lo hace por compromiso o para tratar inutilmente de enmendar alguna cagada, pero otros nos sentimos incómodos por lo que piensen los demás hombres de nosotros al vernos. 
Ya sé que es una incomodidad estúpida, pero existe. Y como eso, tantas otras cosas que los hombres a veces dejamos de hacer para no sentirnos cursis, o que no nos vean de esa manera. Pero, ¿qué es ser cursi realmente? La dejo picando porque no me da para abrir esa puerta, al menos hoy.
A todos estos temas, se le suma algo que siempre está ahí, el humor. El decir las cosas en broma, para no decirlas en serio. Las bromas, aunque en broma, generan formas mentales, hieren, etc, etc.

Hago un parentesis para hablarle a ese amigo y hermano que sabe o intuye que todo esto está relacionado a una charla que tuvimos hoy, a él le digo que yo sí lo conozco de verdad, que yo sí sé cómo es, que sé que él sí hace jodas en joda y no con un doble sentido hiriente o burlón. Y lo sé, porque una de las tantas veces que nos hemos sentado mano a mano a llenar la mesita de cervezas, me preguntó: ¿Sabes cuál es la fuerza más grande que hay en el universo? No sé, le respondí, quizás alguna de esas atómicas. Y él me respondío, no, la fuerza más grande es el Amor. 
Alguien que te dice eso podrá burlarse de lo cursi todo lo que quiera, pero no lo hace porque lo piense, no lo hace por herir, lo hace por diversión, porque el cánon humorístico masculino del momento hace que las cosas sean así, que ése sea el tipo de bromas que nos gastamos entre hombres. 

Muchos me conocen y saben que por más que me hago el que no me importa la opinión de los demás, en bastantes ocasiones sí me importa, en especial cuando "los demás" no son cualquiera. Quizás yo no sea de esos novios que andan publicando en las redes sociales cuán enamorado estoy, y en esto puntual no es que no lo haga por vergüenza (ni tampoco para darle esperanzas al millar de minas que se mueren por mi, como pensaría una novia celosa), no lo hago simplmente porque no uso las redes sociales para eso, así como no las uso para avisar si me voy de viaje o para tantas otras cosas. Y no digo que quienes lo hacen están mal y yo esté bien, porque las redes sociales son una extensión de uno mismo, entonces quien hace eso, en la "vida real" no debe actuar muy diferente tampoco, y cada uno actua como quiere y como puede y como le sale. 
En casi un mes van a cumplirse dos años desde la primera vez que salí con Mariana, mi novia, el amor de mi vida, quien me ha hecho ver la vida de una manera bastante diferente, y con quien vivo hace más de dos meses. Y algunos sabrán más detalles de nuestra vida, otros menos, pero aquellos que conozcan menos no es porque me dé vergüenza, sino porque por distintas razones, desde la confianza hasta la oportunidad, no se ha dado en profundizar sobre el tema.

Y si su manera de expresar esta felicidad es poniendo fotos nuestras y abriendo su corazón en frente de sus amigos y conocidos, a través de una red social, para mi está bárbaro, porque el medio me importa un carajo, me importa que ella sea igual de feliz que yo.

Hace un tiempo un viejo filósofo amigo me hizo reflexionar con una pregunta suya, en cuál es el peor tipo de amor. Para mi, ese sería el amor no correspondido, simplemente porque el amor correspondido es el mejor tipo de amor. 

Miliv out

viernes, 12 de febrero de 2016

El Confiá

Como el siguiente post es el #50, y eso lo hace un 1% más especial que los demás, quería mechar este en medio, para que caiga en el #49.

En mi infancia/adolescencia destiné una cantidad no menor de energía en lo que es Convencer. Convencer gente de que haga o piense lo que yo quería o pensaba. (también intentaba sin ningún éxito convencer mujeres de que les guste, pero eso es otro tema).
Pese a que luego abandoné esa costumbre, creo que al igual que todo el mundo, mantuve una habilidad pasiva de convencer a los demás en lo que se refiere a Tener Razón. Todos pensamos que tenemos razón. Puede que haya casos en los que no pensemos que tenemos Más razón que otros, pero siempre tenemos la suficiente razón como para decir que nuestras opiniones son válidas (en el mejor de los casos, si no tenemos ni idea del tema en cuestión, nos abstenemos de opinar y listo)

Estar intentando demostrar que uno tiene razón puede llegar a ser tedioso, siempre y cuando uno esté rodeado de gente a la que convencer, pues si uno está solo, no hay nadie a quien convencer. Hubo un buen tiempo durante el liceo en que pasaba mucho tiempo con mi gran amigo Frulo, y fue con él que un día, sin siquiera quererlo, inventamos un sistema tan sencillo como genial, el cual muchas veces suelo extrañar. Los años y la nostalgia me han hecho llamar a ese sistema: La Religión del Confiá.

Una de las acepciones de Religión de la RAE es: "Obligación de conciencia, cumplimiento de un deber." Y es en este sentido que me refiero a religión, pues en cualquiera de los otros sería demasiado complejo.
La religión del confiá tiene unos preceptos muy básicos: todo el mundo tiene Un confiá, que puede utilizarlo múltiples veces, simultáneamente, hasta que lo pierda.
De esta manera, uno no debía desperdiciar tiempo y saliva en convencer al otro de que tal alfajor era mejor que cual, o que tal cartucho de impresora sirve para tal modelo, ni de nada. Uno dice Confiá y el Hermano Confía.

La Pérdida del Confiá se da básicamente por dos razones:

1) Errarle o utilizarlo de manera incorrecta.
Ejemplo: Decir "Confiá que nunca voy a hacer tal cosa" o que "nunca va a pasar cual cosa", y que luego sí haga tal cosa, o sí pase cual cosa.

2) No confiar cuando un Hermano del Confiá utiliza su Confiá en uno
Ejemplo: Hermano A dice "Confiá que ese sabor de helado es asqueroso, no te va a gustar, no lo compres", Hermano B no le importa y se lo compra igual


Cuando uno está 100% convencido de algo, y cuando el otro confía en nuestro criterio, con el Confiá zafamos de desperdiciar tiempo en explicar grandilocuentemente que jamas desde que nací me he sentido con una certeza tan grande como me siento en este momento en que te estoy diciendo XXX. 
Simplemente decimos: Confiá que XXX.

Es un sistema realmente muy bueno. Confiá.

jueves, 31 de julio de 2014

Romantico vs Stalker

Bueno, ya he post-ergado este post demasiado, así que veremos qué sale.
(Lo gracioso que ese renglón lo escribí hace más de un mes, y es lo único que tenía hasta ahora...)


Primero que nada, qué entendemos en las oficinas de DadoDeTres por 'stalker'?

Un stalker literalmente sería un acechador, una suerte de persona obsesiva, probablemente además un acosador, que sigue enfermizamente a otra persona, de manera física o virtual. Sus acciones suelen ser consideradas 'creepy' (que sería algo que genera rechazo, miedo, asco, como una araña caminándote por el brazo).
Una vez leí que stalkear es cuando dos personas van juntos de caminata romántica, pero sólo uno de ellos lo sabe...
Vale aclarar que más allá de la connotación negativa, es un término que puede ser utilizado en un rango muy amplio, llegando hasta utilizarse con el pobre diablo exageradamente tímido que se enamora de una muchacha pero nunca pudo siquiera dirigirle la palabra.


Dejando de lado la terminología aburrida (para algunos), quisiera que me acompañes, estimado lector, en un breve viaje en el tiempo. Marty, seteá el DeLorean para el año 1750...

Hace unos 250 años, no había ni telégrafo ni electricidad, mucho menos facebook o celulares. Las maneras de comunicarse entre las personas eran muy escasas: o bien lo hacías en persona, o bien te escribías cartas. En esta época, no era raro que un Robert de Los Angeles, California, haya conocido en unas vacaciones a Linda, que venía de Salt Lake City, Utah. Robert y Linda salen un par de veces, se caen bien y luego intercambian direcciones para seguirse escribiendo. Unos meses después de carta va, carta viene, Robert y Linda se enamoran, y él decide mudar su zapatería a la ciudad de su amada. Una historia bastante típica.
Ahora veamos el caso de Jason, quien habitualmente va a comprar a la ferretería donde la simpática Dorothy lo atiende siempre con una sonrisa. Un 4 de Julio, Jason junta coraje y se da una vuelta por la ferretería a la hora que está cerrando, para cruzarse con Dorothy, y así decirle de ir a ver los bailes y los músicos.
Dos historias perfectamente comunes y silvester stalones. 


Ahora pidámosle a McFly que nos retorne a nuestro 2014, y veamos las mismas historias, aggiornadas a nuestra era. Dos muchachos que se conocen por facebook, por ser amigos de amigos, empiezan a chatear, intercambian cuentas de skype y hacen videollamadas durante unos meses, se enamoran, y uno decide mudarse a la ciudad donde vive el otro. Aquí saltan los jueces de la moral, alegando lo demencial que es conocer alguien por internet, diciendo que esa muchachita que ves por la webcam es en realidad un gordo en silla de ruedas, etc etc.

O un muchacho que moviendo sus contactos no pudo conseguir ni el cel ni el facebook de la muchacha del abitab que tanto le gusta, un día se aparece de la nada cuando ella se está yendo de noche del trabajo, y la invita a tomar algo. Claramente el muchacho es un stalker, dice nuestra sociedad actual. 

Hubo un momento en la historia en el que hubo una ruptura, y muchas cosas pasaron de ser gestos lindos o hasta románticos, a ser tomados como cursis, cuando no directamente mal vistos, obsesivos, creepys, etc.
Por ejemplo, te gusta una chica, que habitualmente usa el mismo perfume. Ese perfume lo conoces de memoria, podes sentirlo incluso antes de verla. Un día, conoces a otra muchacha que usa el mismo perfume, y le preguntás cuál es, cosa de tener ese dato ahí, gatillado, no vaya ser cosa que se dé la oportunidad (por ejemplo, en un detestable "amigo invisible") para poder regalarle esa fragancia que tanto le gusta a ella y a vos también.
Romántico o Stalker? 
Mandá SMS y votá!

No voy a caer tan bajo de poner el ejemplo de las serenatas, porque creo que eso siempre fue, es, y será cursi. En especial si son mariachis.

De todas maneras, reconozco que la línea divisoria no siempre está muy clara, que hay mucha subjetividad y que hay mucha gente muy mal de la cabeza.
Sería ideal poder decir siempre las cosas de frente, sin miedos, timideces ni reparos sobre las consecuencias, pero eso es muy difícil, entonces las personas demostramos las cosas con actos. Lo cual desde cierto punto de vista es mejor, porque mentir y hablar lo que el otro quiere escuchar es algo que se entrena. Mentir con las acciones es mucho más difícil. Por eso hay muchos gestos que dicen "me interesas", "pensé en ti", "me preocupo por ti"... y a buen entendedor, sobran palabras...


Por último, quiero cerrar con el comic # 162 de una página fantástica como es www.xkcd.com, que me hace plantear de nuevo la pregunta: Creepy o Romántica?
-¿Qué estás haciendo?
-Dando vueltas en sentido anti-horario. Cada vuelta le roba momento angular al planeta. Enlentenciendo apenitas su rotación. Alargando la noche, postergando el amanecer. Dándome un poquitito más de tiempo, aquí, contigo.



martes, 25 de febrero de 2014

La Excepción que confirma la Regla

Esta frase, habitualmente escuchada en Uruguay (lo aclaro porque este blog es internacional) ha sido fuente de incesantes frustraciones hacia mi persona. En repetidas ocasiones, han usado en mi contra este vil argumento, que suena tan verdad, que da rabia, porque si uno lo piensa, no tiene sentido, ningún sentido. Y muchas veces ha sucedido que uno convencido de su postura intenta discutir al respecto, pero choca contra esta máxima divina, este axioma inventado por vaya uno a saber quién, en tiempos inmemoriales. 
Hace unos días, charlando con Fer (algunos recordarán su pasaje por Dado de Tres en el post sobre los bondis) me comparte su odio por tal frase, pero me da algo mucho más valioso que el hecho de no sentirme solo en esta cruzada: me dice que investigó, y que esta frase está MAL TRADUCIDA.
Sí! Está MAL! Todos los que la usaron para ganarme discusiones, PERDIERON! GILES! VAMO PEÑAROL!!!!!!!!!

Así pues, resulta que la solución a nuestras penurias estuvo siempre bajo nuestras narices, es decir, en Wikipedia. Aquí (quién sabe desde hace cuánto) explica que esta frase deriva del latin "exceptio probat regulam in casibus non exceptis" lo cual se traduce como "la excepción confirma la regla en los casos no exceptuados". Esto, que parece una redundancia tonta, está bien explicado en el ejemplo de Wikipedia: "Prohibido aparcar los domingos" (la excepción) implica que se puede aparcar el resto de la semana (la regla).

De todas maneras, no deja de ser una terminología del mundillo jurídico, el cual, oh casualidad, ya desde la época antigua se contradice con el mundillo lógico (del cual lamentablemente tengo puesta la camiseta). Porque eso implica que el domingo no se puede aparcar. Y punto. No dice que el lunes se pueda, o que no se pueda, o que se pueda sólo en horario de oficina. Uno infiere eso, porque es la información más útil, pero a nivel de "Sócrates es Hombre entonces Sócrates no es marciano", no nos da ninguna información adicional concreta.
Así que ahora pueden ir a tocarle timbre a todas esas personas que alguna vez les ganaron una discusión con este argumento barato, palmearles en la espalda y hacerles esto:
Ta, me aburrí de intentar sacarle ese borde blanco, así que se imprime...
EDIT: Pude, gracias tio!
Bastante que recuperé ese emoticon que tanto aprecio
Miliv out

jueves, 24 de octubre de 2013

Los Encantamientos


Anoche pude pindownear (dar en el clavo? :-\) un tema que inconscientemente me generaba cierta perturbación mental, por su ambigüedad. Pero ni sabía que lo sentía hasta ese momento. Y es el tema de las cosas/personas que nos encantan. 
El problema es que nuestro idioma español a veces es ambiguo y nosotros que lo usamos mal, con el tiempo lo vamos degenerando aún más (y la RAE que hace su parte, sacando tildes y aceptando palabras como güisqui... Terrajas) 
Entonces quiero diferenciar dos tipos de encantamientos muy diferentes, que al hablar se usan como sinónimos, pero que uno está mal.

Uno es cuando decimos "tal cosa me encanta", pero la cosa no hace nada por encantarnos. Por ejemplo las papas fritas de McDonald's. Nos encantan, pero no porque la propaganda nos lo diga, ni porque ellas nos digan "oye guapo, que bien te ves cuando me pones mayonesa y me comes", es porque nos gustan y punto. Es un tema nuestro. 

Por otro lado están las personas que nos encantan, porque utilizan sus encantos (valga la semi redundancia) para encantarnos. Quién no tiene un amigo, quizás no muy fachero, pero con una labia infinita con la que consigue lo que se le ocurra? 
Es por eso que el correcto uso de la palabra debería ser el segundo, y cuando es uno el que se auto encanta ajenamente, debería llamarse de otra manera... aunque no sé como...
 
Ta, no me den bola, estoy desvelado... 

Miliv out

viernes, 16 de agosto de 2013

Sentimientos Ajenos de Uno Mismo

Hace ya muchos años, creo que en los primeros tiempos del liceo, una amiga (cuya identidad dejaré en privado, hay muchos problemas de privacidad en estos tiempos, por lo tanto la llamaré "Alabama") inventó (o quizás ya existía, pero nosotros no conocíamos) el fantástico concepto de Vergüenza Ajena de Mi Misma. Concepto que caló muy hondo en los presentes, y nos ayudó a expresar una realidad que hasta ese entonces no sabíamos cómo expresar. 

Y durante todos estos años he usado este concepto, aunque no sin rechazo por parte de algunos interlocutores, más que nada producto del atropello de interpretar "Ajeno" y "Mi Mismo" como conceptos opuestos. La última interlocutora que cuestionó este concepto fue quien motivó la realización de este post, cuando tuve que explicarle exactamente a qué me refería con esto (a todos los otros no les importan lo suficiente mis pavadas como para que se los explique). 


Vayamos por partes... 
La RAE tiene 8 acepciones diferentes para la palabra Vergüenza, pero básicamente, todos sabemos lo que significa. Es esa sensación incómoda que uno siente cuando está haciendo o ya hizo una macana, esas típicas acciones que generen que los amigos digan "¿Para qué te trajeeee?" (de aquí en más PQTT). 

La Vergüenza Ajena (acortémosla en VA) es la vergüenza que uno siente por las acciones de otra persona (un tercero) (quién es el segundo, nadie sabe...) Gritar a los 4 vientos PQTT no es raro ante la presencia de este sentimiento. 

Ahora, la Vergüenza Ajena de Uno Mismo (VAUM), es exactamente la misma sensación que la VA, pero con la salvedad que ese tercero, es uno mismo. 

Aquí los más perspicaces se preguntarán cuál es la diferencia entre ésta y la Vergüenza normal? Paso a explicar... En la vergüenza normal, uno se siente mal por lo que está haciendo y muy probablemente, por lo que los demás piensen de uno (se requiere una conciencia muy grande para sentir vergüenza estando solo, a menos que se haya hecho algo grave...). En la VA, uno está en el lugar de los demás, y piensa que lo que el sujeto está haciendo es vergonzoso. En la VAUM, es esa misma sensación, uno no siente vergüenza por lo que está haciendo, pero siente que los demás deben estar sintiendo VA de uno, porque lo que está haciendo, por más que no sea vergonzoso para uno, sí puede serlo para otros. 

Creo que está clarísimo :D 

Los sentimientos Ajenos de Uno Mismo son algo realmente para meditar, porque existen otros además de la vergüenza... aunque no tan claros. 
Como el Aburrimiento Ajeno de Uno Mismo (que sería algo así como sentir una especie de aburrimiento porque pensas que estas aburriendo a otra persona) el cual lo descubrí hace poco y aún estoy tratando de comprender 100%... 

Miliv out.